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La caza de la becacina

La becacina o agachadiza común, presenta numerosas similitudes morfológicas con la becada; está dotada de un pico largo y puntiagudo. La agachadiza o becacina, al igual que la becada, tiene fervientes adeptos practicantes de su caza.

Las 3 especies de becacinas, la doble, la sorda y la de los pantanos, presentan una caza difícil cuyo rececho requiere gran atención. Estas aves son muy deseadas por los cazadores por su sabor, y porque su tiro es difícil.

Las becacinas se cazan solamente al rececho, que se realiza en mano con o sin perro, practicada en solitario o con un compañero, equipados con botas de agua. El cazador debe recorrer de forma metódica las zonas húmedas, por marismas y arrozales, y el sotobosque de manera muy sigilosa y teniendo en cuenta el gran camuflaje de este animal. Esta modalidad exige buenas condiciones físicas, y el “becacinero” debe conocer los cazaderos que así como la hora del día, la estación o las condiciones atmosféricas, para buscarlas en una zona o en otra.

La becacina de los pantanos es la que requiere mayor habilidad, ya que una vez levantado, el pájaro vuela con una trayectoria que engaña. Al ser la carne tan frágil, es complicado el tiro, ya que no se le puede tirar muy cerca.

La sorda recibe el nombre porque no parece percatarse del ruido de los intrusos, y despega siempre entre las piernas. Cuando se localiza su tiro es más fácil ya que no huye sino que revolotea y se posa unos metros más allá.