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Manteniemiento y limpieza de las armas

Con el tiempo los residuos de tacos y pólvora de los cartuchos pueden generar diferentes signos de desgaste y de oxidación. En todas las armerías se pueden encontrar el material necesario para la limpieza: escobillones, baquetas, tampones de algodón, spray o aceite de vaselina.

La limpieza de armas de cañones lisos

Lo primero que debe hacerse es pasar varias veces una escobilla de cerdas metálicas por el interior del cañón, empleando un trozo de tela para verificar que se queda limpio y que no queda ningún residuo de óxido. Si quedan restos, se repite la operación con un cepillo de pelo duro. Después de pasar una escobilla de lana impregnada con vaselina o solvente.

Si se lleva tiempo sin relazar estas operaciones, puede ser conveniente desmontar los cañones y lavarlos en agua fría o alcohol diluido.

Las partes externas se limpian con un paño, y se puede echar un poco de aceite en las diferentes ranuras.

2 o 3 días después sino se ha usado el arma, es conveniente quitar la capa de lubricante para evitar la llamada post-corrosión.

La limpieza de armas de cañones rayados

Igual que las anteriores, están expuestas a 3 tipos de daños: el desgaste, la erosión y la corrosión. Pero las armas de cañones rayados, presentan ciertas diferencias debido a las fuertes presiones internas y a las altas temperaturas. El proyectil comprimido contra las estrías, se deforma contra el acero, los granos de pólvora, arrojados con violencia en el cañón, arrastran consigo partículas de metal, lo que provoca una lenta acción corrosiva. A todo esto hay que sumarle la acumulación sucesiva de capas de residuos de combustión, y los residuos metálicos dejados por el proyectil a su paso.

A cada disparo la bala pasa sobre los residuos dejados por el tiro anterior, comprimiéndolo contra las paredes e incrustándolos en las estrías, lo que hace que el diámetro interno disminuya constantemente, además de aumentar la resistencia al paso del proyectil.

La limpieza es similar a la de las armas de cañones lisos, salvo que hay que introducir el escobillón por la recamara.